Una semana para destacar. Muchos sucesos que de una u otra forma calan profundo en aquel órgano imaginario productor de sentimientos. Y si! Me encantan los eufemismos. Eufemismos que vi o escuché por montones en las transmisiones del fútbol que fueron un ir y venir de emociones más que sentimientos.
El primero fue del colorín comentarista que dijo :"No importa, vamos el domingo a jugar la final del tercer lugar". Horribe ah! Horrible, cuando todos queríamos gritar campeón por primera vez en nuestra pobre historia deportiva.
Bueno, los eufemismos no son tanto como la inconsecuencia verbal del otro periodista de las transmisiones, aquél bueno pa' la lagrima, que inmerso en la rabia de hincha y dejando su posición de comentarista, osó alentar a los futbolistas diciendo "yo me los banco, me los banco hasta el final" en medio de una confrontacion con los argentinos. Ay por Dios. Y para peoor! Imaginense, la cosa puede ser peor! ...Aquellos periodistas, ésos que hiperbolizaron durante toda la semana a la sub-20 nombrándola como rojaza, hoy hipócritamente y sin pelos en la lengua la nombran nuevamente en los noticiarios como la rojita. Já!
El mismo día del caos futbolístico y policial, estaba cumpliendo diecinueve años y luego de un día que rozó mi subjetiva perfección, lo terminé golpeando sillones y agotando los garabatos posibles e inventando unos nuevos. Inmerso en la piel de hincha, pensaba en condenar al señor Wolfgang Stark -árbitro del partido- y sentarlo en la pica, pero luego un poco más calmo pienso y dejo mis peticiones judiciales para otro organismo, el que más me enerva en estas situaciones. La FIFA.
"Anda a reclamarle a la FIFA po'" me decían cuando recibía todo tipo de patadas en los partidos de la cancha de tierra o en la calle. Y uno aún más se enojaba, puesto que la pena quedaría sin su justa sanción.
Y es a la FIFA donde hoy deseó apuntar un par de cañones y ojalá despedazar sus opulentas sedes. Es eso en primer lugar lo que me molesta. Sus vastas y costas locaciones que no son más que para simples reuniones, en donde avalan costosos traspasos de futbolistas que quizàs con su quinta parte se podrìa dar de comer un año entero a cualquier paìs africano [sede del pròximo mundial de fútbol, para el cual se construyen modernos estadios y costoso aeropuertos que seràn usado una vez al año de ahi en màs].
Otro que hoy, por sobre toda las cosas me molesta, es ver al burro hablando de orejas. Puesto que la FIFA se ha encargado de desarrollar un "marketinero" movimiento condenando al racismo, pero el mayor problema es su propia concepción de racismo. Según el diccionario FIFA, la palabra racismo significa cuando se le hace un insulto a algún individuo de raza negra. En frías palabras, si a un negro le decimos negro, eso es racismo. Pero si son capaces de avalar otro tipo de racismos, tan o más condenables que el antes nombrado. Como el de los europeos hacia los sudamericanos, que se apacigua con la capacidad que estos tienen para dejar la pelota chiquitita.
Pero principalmente son los brasileños y argentinos los que muestran estas capacidades en el viejo continente. Para el resto de sudamericanos, principalmente los àrbitros se encargan de enrostrarles su subdesarrollo, llamandolos indios. O ni siquiera dirigiendoles la palabra.
Y es eso de lo que principalmente culpo al àrbitro aleman de la semifinal. RACISMO!
y del màs chabacano y condenable. Lo notè recien a los 15 minutos de partio cuando Chile sufriò su primera expulsiòn, y sin cuestionar las razones de esta, el arbitro junto a los asistentes realizaron vejatorios gestos para con los jugadores nacionales. Ahi me fue fàcil desprender estos argumentos, como tambien con la cobarde escapada del terreno de juego, cuando cuales delincuentes ante un pueblo hambrío de cabezas corrieron hacia el tunel demostràndo su culpabilidad y cobardía.
Es este vacìo e inconsecuencia de la FIFA ante el racismo lo que condeno. Como tambien la nula capacidad que tuvieron para hacerse cargo de los bochornos de la policìa canadiense, sosteniendo que no era terreno de ellos, pero si hubies sido Italia, Inglaterra o Alemania, hubiesen sido los primeros en estampar las denuncias pertinentes. No fue Argentina la selección campeona del mundial, sino la FIFA, y los botines y balon de oro se lo tendrían que haber llevado Blatter y Grondona, que son lo màs habiles moviendo hilos.
domingo, 22 de julio de 2007
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